El autismo no es una enfermedad, sino que es una condición del neurodesarrollo. Por lo tanto, si no es una enfermedad, no hay nada que curar. El autismo es una condición del neurodesarrollo que afecta nuestra experiencia del mundo. Las personas con autismo son una parte importante del mundo. El autismo es una parte normal de la vida y nos define como personas.
El autismo siempre ha existido. Las personas nacen con autismo y lo serán durante toda su vida. Un médico puede diagnosticar el autismo, pero se puede ser una persona con autismo incluso sin un diagnóstico formal. Debido a los mitos sobre el autismo, puede ser más difícil para los adultos obtener un diagnóstico. Sin embargo, cualquier persona puede nacer con autismo, independientemente de su raza, género o edad.
Las persona con autismo están presentes en todas las comunidades, y siempre lo han estado. Hay personas con autismo de color, inmigrantes y de todas las religiones, niveles socioeconómicos y edades. Las comunidades a las que pertenecemos y el trato que recibimos influyen en nuestra experiencia con el autismo.
No existe una única forma de tener autismo
- Algunas personas con autismo pueden hablar.
- Otras necesitan comunicarse de otras maneras.
- Algunas tienen discapacidad intelectual, y otras no.
- Algunas necesitan mucha ayuda en su vida diaria, y otras solo necesitan un poco.
Todas estas personas presentan autismo, porque no hay una forma correcta o incorrecta de manifestarlo. Todos lo experimentamos de manera diferente, pero todos contribuimos al mundo de maneras significativas. Todos merecemos comprensión y aceptación. Cada persona lo experimenta de manera diferente, pero hay algunas cosas que muchos tenemos en común.
Las personas con autismo nacen con autismo y lo serán durante toda su vida
Existen otras maneras de ser, de comprender el mundo y de procesar la información y debemos ser abiertos y respetuosos con ellas.
Las personas con autismo pensamos de forma diferente. Podemos tener un gran interés en cosas que otras personas no entienden o que parecen no importarles. Podríamos ser excelentes solucionadores de problemas o prestar mucha atención a los detalles. Podríamos tardar más en pensar las cosas. Podríamos tener dificultades con las funciones ejecutivas, como saber cómo empezar y terminar una tarea, pasar a una nueva o tomar decisiones.
Las rutinas son importantes para muchas personas con autismo. Nos puede resultar difícil lidiar con sorpresas o cambios inesperados. Cuando nos sentimos abrumados, es posible que no podamos procesar nuestros pensamientos, sentimientos y el entorno, lo que puede hacernos perder el control y tener una crisis sensorial de nuestro cuerpo.
Las personas con autismo procesamos nuestros sentidos de manera diferente. Podemos ser especialmente sensibles a cosas como luces brillantes o ruidos fuertes. Podemos tener dificultades para comprender lo que oímos o lo que nos dicen nuestros sentidos. Es posible que no nos demos cuenta si sentimos dolor o hambre. Podemos repetir el mismo movimiento una y otra vez. Esto se llama «autoestimulación» y nos ayuda a regular nuestros sentidos. Por ejemplo, podemos balancearnos, jugar con las manos o tararear.
Las personas con autismo procesamos nuestros sentidos de manera diferente
Las personas con autismo nos movemos de forma diferente. Podemos tener dificultades con la motricidad fina o la coordinación. A veces sentimos que nuestra mente y nuestro cuerpo están desconectados. Nos cuesta empezar o parar de movernos. Hablar puede ser especialmente difícil porque requiere mucha coordinación. Puede que no podamos controlar el volumen de nuestra voz, o que no podamos hablar en absoluto, aunque entendamos lo que dicen los demás.
Nos comunicamos de forma diferente. Podemos hablar mediante la ecolalia (repitiendo cosas que hemos oído antes) o escribiendo lo que queremos decir. Algunas utilizan la Comunicación Aumentativa y Alternativa (CAA) para comunicarse. Por ejemplo, podemos comunicarnos escribiendo en un ordenador, deletreando en un tablero de letras o señalando imágenes en una tableta. Algunas personas también se comunican mediante el comportamiento o la forma en que actúan. No todas las personas con autismo pueden hablar, pero todas tenemos cosas importantes que decir.
- Nos relacionamos de forma diferente.
- Algunos de nosotros podemos no entender o seguir las normas sociales que las personas neurotípicas han creado.
- Ser más directos que otras personas.
- El contacto visual puede incomodarnos.
- Podemos tener dificultades para controlar nuestro lenguaje corporal o expresiones faciales, lo que puede confundir a las personas neurotípicas o dificultar la socialización.
A menudo es posible que necesitemos ayuda con las actividades cotidianas
Algunos de nosotros podríamos no ser capaces de adivinar cómo se sienten los demás. Esto no significa que no nos importe cómo se sienten. Simplemente necesitamos que nos digan cómo se sienten para no tener que adivinar. Algunas personas con autismo son especialmente sensibles a los sentimientos de los demás. A esto se denomina empatía y a pesar de lo que se piensa las personas con autismo tenemos empatía, pero a veces la expresamos o percibimos de forma distinta.
Es posible que necesitemos ayuda con las actividades cotidianas. Vivir en una sociedad diseñada para personas sin autismo puede ser agotador. Quizás no tengamos la energía suficiente para realizar ciertas tareas diarias. O bien, presentar autismo puede dificultar demasiado la realización de esas actividades. Es posible que necesitemos ayuda con cosas como cocinar, trabajar o salir. A veces podemos hacer las cosas por nuestra cuenta, pero otras veces necesitamos ayuda. Quizás necesitemos tomar más descansos para recuperar energías.
El autismo en España: una realidad más presente de lo que imaginamos
En España, el autismo forma parte de la vida de muchas más personas de las que solemos pensar. Hoy sabemos que alrededor de 1 de cada 100 ciudadanos está dentro del espectro del autismo. Si lo traducimos a cifras, hablamos de unas 450.000 personas en todo el país. No es un dato menor: detrás de cada número hay una historia, una familia, un recorrido lleno de retos, aprendizajes y también de logros.
Uno de los aspectos que más llama la atención cuando se analizan los datos es la desigualdad en el diagnóstico entre hombres y mujeres. Aunque los estudios internacionales ya apuntaban a que los niños reciben diagnóstico con más frecuencia, en España esta diferencia se hace aún más evidente: más del 80% de los diagnósticos corresponden a hombres, frente a un 17,9% de mujeres. Cada vez más especialistas coinciden en que esta brecha no refleja la realidad, sino las dificultades históricas para identificar el autismo femenino, que suele manifestarse de formas más sutiles y socialmente camufladas.
El autismo en el ámbito educativo y social
El ámbito educativo también muestra cómo ha crecido la visibilidad del autismo. En el curso 2023–2024, los centros educativos españoles registraron 91.877 estudiantes con diagnóstico de TEA, un aumento del 17,7% respecto al año anterior. Este incremento no significa necesariamente que haya más casos, sino que estamos detectando mejor, especialmente en edades tempranas, donde la intervención puede marcar una diferencia enorme.
A nivel social, los estudios impulsados por entidades como Autismo España han permitido dibujar un retrato más completo de esta comunidad. Miles de personas de distintas regiones han participado en investigaciones que revelan una realidad diversa, compleja y profundamente humana.
Gracias a ello, hoy entendemos mejor los desafíos que siguen presentes: el diagnóstico tardío, las diferencias entre comunidades autónomas en el acceso a apoyos, o la necesidad de servicios especializados para adultos, un grupo históricamente olvidado.
Hablar de autismo en España es hablar de un país que avanza, pero que aún tiene camino por recorrer. Es reconocer que la inclusión no es solo una palabra bonita, sino un compromiso que se construye con datos, con recursos y, sobre todo, con escucha. Porque cuando entendemos mejor, acompañamos mejor.
