En los problemas del sueño en personas con autismo adultas es sorprendente la falta de recursos especialmente cuando estos adultos con autismo presentan dificultades crónicas para dormir. De hecho, es un problema grave y poco visibilizado.
Autismo y sueño: por qué los problemas de sueño en el autismo adulto necesitan más atención
Los problemas del sueño en personas con autismo adultas asociados al autismo no desaparecen al llegar a la edad adulta; por el contrario, muchas personas adultas con autismo continúan experimentando alteraciones del sueño directamente relacionadas con el autismo, como insomnio, disminución del sueño REM, trastornos del ciclo circadiano, apnea del sueño o síndrome de piernas inquietas. Los problemas de sueño son una de las afecciones concomitantes más frecuentes en el autismo.
Aunque los problemas de sueño y el autismo coexisten con frecuencia, a menudo se pasa por alto en adultos. Como persona con autismo, entiendo perfectamente a nivel personal, lo difícil que puede ser esto para alguien. En mi caso sufro de manera severa: insomnio severo, inversión del ciclo circadiano y síndrome de piernas inquietas.
Autismo y ritmo circadiano: una relación clave
Las personas con autismo tienen mayor probabilidad de padecer un trastorno del ritmo circadiano del sueño-vigilia (TRCV). Muchas personas con autismo presentan una mutación en el gen CLOCK, que afecta al ritmo circadiano. A pesar de la creciente evidencia científica al respecto, rara vez se considera el autismo cuando se diagnostica un TRCV.
Los problemas del sueño en personas con autismo adultas: melatonina y autismo
También es más probable que tengamos alteraciones en los genes que regulan la melatonina, lo que provoca una curva de melatonina más plana. Por lo tanto, nuestros cuerpos a menudo no se sienten cansados ni envían el mismo nivel de señales de cansancio por la noche, y podemos sentirnos más somnolientos durante ciertas partes del día o al despertar.
Nuestro cerebro no “avisa” de que es hora de dormir
En promedio, a las personas con autismo les lleva entre 11 a 15 minutos más conciliar el sueño. Asimismo, presentamos mayor probabilidad de sufrir insomnio, despertares nocturnos y despertares tempranos. También es más frecuente que las personas con autismo experimenten parasomnias, como parálisis del sueño, sonambulismo o terrores nocturnos.
En promedio, las personas con autismo pasan aproximadamente el 15 % de su tiempo durmiendo en la fase REM mientras que las personas neurotípicas, en promedio, alcanzan el 25 %. Durante la fase REM se consolidan el aprendizaje y la memoria, y es importante para diversos aspectos de la salud física y mental.
La falta de sueño puede intensificar comportamientos repetitivos y la hiperactividad, dos características comunes en el autismo, lo que a su vez dificulta aún más conciliar el sueño.
Implicaciones de la falta de sueño en el autismo
Dormir es fundamental para la salud física y mental, tanto en el autismo como fuera de él. Durante el sueño, nuestro cerebro trabaja intensamente mientras dormimos consolidando aprendizajes y recuerdos a largo plazo, regulando neurotransmisores, eliminando desechos acumulados durante el día y liberando los neurotransmisores que necesitamos para sentirnos renovados.
Cuando no dormimos lo suficiente, estos procesos se ven alterados, lo que afecta al estado de ánimo, la concentración y la capacidad de aprendizaje. En el autismo, estas dificultades pueden ser aún más pronunciadas.
Cuando dormimos, nuestro cerebro libera:
- Serotonina, que ayuda a regular nuestro estado de ánimo y nos hace sentir bien.
- Acetilcolina, que es importante para la consolidación de la memoria, el aprendizaje y la atención.
- Melatonina, que regula el ciclo sueño-vigilia y nos ayuda a sentir sueño.
- Hormona del crecimiento, que ayuda al cuerpo a crecer y repararse.
Por otro lado al no dormir lo suficiente, nuestro cerebro no tiene la oportunidad de liberar estas sustancias químicas y esto puede provocar un sinfín de problemas. Cuando esto se produce, somos más propensos a sentirnos malhumorados, ansiosos e irritables. Además, nos cuesta más concentrarnos y aprender cosas nuevas.
Los problemas del sueño en personas con autismo adultas: Los niveles de cortisol
Por otro lado, la falta de sueño puede provocar un aumento en los niveles de cortisol a lo largo del día, una hormona del estrés que puede contribuir a la ansiedad y a la dificultad para relajarse. Además, altera nuestro ritmo circadiano.
Sin embargo, cuándo dormimos lo suficiente y con calidad, esto ayuda a mantener el equilibrio de estas hormonas, lo que puede mejorar nuestro estado de ánimo y nuestro bienestar mental en general.
Durante el sueño, el cerebro no solo libera nuevas sustancias químicas, sino que también se limpia de los desechos del día. Desintoxica ciertas sustancias químicas, de forma similar a como un ciclo de limpieza se ejecuta durante la noche mientras duermes.
Si alguna vez te despiertas sintiéndote renovado y listo para comenzar el día, es probable que se deba a que tu cerebro estuvo trabajando para eliminar ciertas sustancias químicas y hormonas mientras dormías. Este proceso ayuda a que el cerebro y el cuerpo funcionen correctamente.
La desintoxicación ciertas sustancias químicas
Otra de las principales sustancias que elimina el organismo es la adenosina. La adenosina es una sustancia química que induce el sueño y que se acumula en el cerebro a lo largo del día. Pero mientras duermes, tu cerebro trabaja para eliminarla, por lo que te despiertas sintiéndote más alerta y menos aturdido.
Y por último otra sustancia que tu cerebro elimina mientras duermes es el glutamato. El glutamato ayuda a aprender y recordar. Pero cuando estás despierto, tu cerebro lo utiliza en grandes cantidades. Por eso, por la noche, tu cerebro trabaja para eliminar el exceso de glutamato que no necesitas, para que estés listo para aprender y recordar cosas nuevas por la mañana.
Durante el sueño, el cerebro elimina sustancias y se desintoxica de desechos
Cuando el sueño es insuficiente, estos procesos no se completan adecuadamente, lo que afecta tanto a personas neurotípicas como a personas con autismo, aunque en el autismo el impacto puede ser mayor.
Los problemas del sueño en personas con autismo adultas y sensibilidad sensorial
Muchas personas con autismo presentan sensibilidad sensorial elevada. El sueño adecuado ayuda a regular esta sensibilidad, mientras que la falta de sueño puede intensificarla. Cuando una persona con autismo no descansa bien, su cerebro filtra peor la información sensorial, lo que aumenta la probabilidad de sentirse abrumada, irritada o ansiosa.
El sueño y la falta de sueño pueden tener un impacto significativo en la sensibilidad sensorial. Cuando descansamos bien, nuestro cerebro procesa y filtra mejor la información sensorial, lo que nos permite tolerar y gestionar mejor nuestra sensibilidad. Dormir lo suficiente también ayuda a regular nuestras respuestas emocionales a los estímulos sensoriales, lo que reduce la probabilidad de sentirnos abrumados o reactivos.
Por otro lado, cuando no dormimos lo suficiente, nuestro cerebro tiene menos capacidad para filtrar y procesar la información sensorial, lo que nos hace más sensibles a los estímulos. Esto puede provocar una mayor sensación de agobio e irritabilidad ante la información sensorial. Además, la falta de sueño también puede exacerbar los síntomas de ansiedad y depresión, lo que a su vez puede agravar la sensibilidad sensorial.
Muchas personas con autismo tienen una mayor sensibilidad sensorial, por lo que el impacto negativo de la falta de sueño puede ser aún más pronunciado en nuestro caso. Favorecer un buen descanso puede ser fundamental para controlar nuestra sensibilidad sensorial. Por ello, en el autismo, un buen descanso puede ser clave para manejar la sensibilidad sensorial y las respuestas emocionales a los estímulos.
Los problemas del sueño en personas con autismo adultas: funciones ejecutivas
Cuando el autismo y los problemas de sueño coexisten, esto puede agravar las dificultades en las funciones ejecutivas. Las funciones ejecutivas incluyen la capacidad de planificar, organizar y dividir tareas complejas en tareas más pequeñas. La corteza prefrontal, un área del cerebro particularmente sensible a la falta de sueño, controla las funciones ejecutivas.
Cuando no dormimos lo suficiente, la corteza prefrontal no funciona correctamente, lo que provoca dificultades para planificar, tomar decisiones, controlar los impulsos y otras funciones. Esto puede dificultar aún más a las personas con autismo, la gestión de sus emociones y las dificultades con las funciones ejecutivas. Por consiguiente, las tareas cotidianas, como el trabajo o los estudios, pueden volverse más complicadas.
Conclusión: autismo y sueño
Existe una importante relación entre el autismo y el sueño. Muchas personas con autismo presentan problemas de insomnio, trastornos del sueño REM, síndrome de piernas inquietas y otros problemas. Por ello, la evaluación y el tratamiento de los trastornos del sueño deben formar parte de la atención integral a las personas con autismo.
